Sucesión de mí mismo
Es ardiente el pasado, e imposible:
breve noche de amor conmigo mismo.
F.B.
Al aire del jardín
la cama está revuelta de sábanas y luna,
y en ellas está el cuerpo solitario y desnudo.
Velan los ojos, en las sombras del pino plateado, la hiedra de las tapias,
y la vida furtiva de los astros.
Un bulto juvenil de la penumbra surge
y ha subido sin ropas a mi lecho,
y en la tarea del amor completa
la noche ahora tan breve.
Este mudo muchacho está encendido
de una pasión oscura y alejada,
y sus dientes furiosos y su lengua dulcísima
rescatan de mi carne la densidad del tiempo.
En el azar del mundo su vida ha retornado
con revueltos cabellos, y ahora mudo,
y ha cruzado después las puertas de la noche.
Desde el balcón le espío
llegar hasta la esquina de la casa,
y allí ha permanecido en la mejilla de la primera luz.
Con el sol y los pájaros el día se hace largo,
y en la esquina el muchacho ya es este mudo anciano que vigila el balcón
allí donde él se mira con un cuerpo aún robusto y fatigado.
Borrada juventud, perdida vida, ¿en qué cueva de sombras
arrojar las palabras?
Francisco Brines (español)
Etiquetas: Poemas predilectos




2 Comments:
Hola, pude adquirir su libro Ocurre a diario en una librería de Maracay. Era el único que había. Quisiera saber si puede realizar el envío de Voces de la Hidra...
Se lo agradecería mucho.
Hasta pronto
Néstor Mendoza
Qué ricura es navegar en este mundo cibernético y toparse con un blog que tiene esta colección tan buena de poetas.
Saludos!
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