lunes, abril 30, 2007

La poesía de Gregory Zambrano

Gregory Zambrano (Mérida, Venezuela, 1963) es uno de esos escritores que demuestran cómo con cada publicación se va consolidando su palabra. Tiene publicados Víspera de la ceniza (1990), Dominar el silencio (1994), Ciudad sumergida (1997), Desvelo de Ulises y otros poemas (2000) y Los mapas secretos (2005), que recoge su obra poética publicada hasta entonces. De la palabra que surge del habla común, que echa mano del sentimiento que brota espontáneamente en un joven creador, vemos cómo su verbo ha ido transmigrando hasta el símbolo arraigado en la conciencia universal. Las experiencias propias se enfrentan a la cultura, a los viajes, a las lecturas, fotografías y películas, para dar como resultado un amasijo de signos y símbolos que conformará la poesía cuidada que observamos en sus últimos libros.

De Desvelo de Ulises y otros poemas (Edcs. Fin de Siglo, México, 2000), este sentido homenaje al poeta Jaime Sabines… M.M.L.

ELEGÍA


Jaime Sabines,
in memoriam


Uno es el hombre, y no sabe de dónde
o hasta cuándo será vida esta vida.
No somos dios, ni profeta,
de allí este tránsito de vértigo
y desesperanza.
Hasta cuándo, hasta dónde.
Qué será de este incierto camino,
de estas vigilias y aquellos sueños.
A dónde irán las palabras dichas sobre la vida,
lanzadas sobre la muerte.
Uno es sólo el hombre
y vamos deprisa, muriendo de una vez,
la vida es tan fugaz como el relámpago,
apenas deja huella.
Lo mejor de lo vivido
está únicamente en las palabras,
la letra del poema se queda
húmeda, perpetua en la lluvia
sin más excusas porque la hora ha llegado
y volveremos a ser serpiente, ave, gusano,
abonado suelo donde habrá de florecer
algún día el canto nuevo.
Adiós capitán,
hasta la vista huérfano de la tierra.
Déjanos un verso por si el hambre,
déjanos esta vez más solos
para alzar la copa y ver en los espejos, ciudades,
prostitutas, el mar, alguno que otro sueño,
los abandonados, los solitarios, los tristes, los amorosos,
el cielo gris de México, una vez más,
antes de que ese dolor tuyo de hoy nos llene
de cuaresmas y nos golpee el rostro
y nos repita como si tal cosa
que uno es el hombre, es decir semilla y ceniza,
que apuramos el paso
y apretamos los dientes para no decir nada,
para guardar el dolor.
Adiós en cada verso que escribiste,
abre tus manos por última vez,
renueva el prodigio
como si la próxima palabra
llegara del azar y quedáramos aguardando
las nuevas voces, tu atardecer y tu noche.
Ah, poeta, no te quedes escondido,
vuelve a la multitud que recoge migajas,
no guardes tu semblante
no digas que la ausencia, no digas que el silencio
no digas que la guerra está perdida,
vuelve tu cabeza, quédate en el humo del cigarro
y recuérdanos alguna vez, de noche en noche,
cuando no podamos palpar nuestras propias
rodillas y sintamos inevitable el naufragio, estoy aquí.
Uno es el hombre, la dimensión exacta del miedo,
del desamparo, será por eso
que vamos llorando, llorando,
la hermosa vida.

Poema: Gregory Zambrano

Fotografía tomada de: www.panfletonegro.com/cuarentaynueve/punto.shtml.

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