domingo, abril 15, 2007


Gonzalo Fragui: entre un bolero y un despecho

La ingenuidad, la ironía, la ternura y algo de sarcasmo son las notas que distinguen la escritura poética de Gonzalo Fragui, escritor del que dejáramos un texto en el post anterior. De su poesía he hablado en otras oportunidades, sin embargo, quisiera referirme y dar algunas muestras de sus otras virtudes escriturales. Y no me refiero a las del ámbito académico o filosófico (Fragui, en la vida real, créanmelo, es Doctorando en Filosofía por la Universidad de Los Andes, y hasta ejerce la docencia en el pregrado de la misma Facultad: noticias recientes y provenientes de su propia mano virtual, indican que está enseñando Lógica, algo ilógico según su propio criterio), sino a esos otros escritos que cuelga en la red o publica en alguna revista, en las plaquettes a las que es tan aficionado, o en cualquier otra publicación de reputación dudosa.

Hace unos tres años dejó en mis manos un par de esas joyas siempre en peligro de desaparecer definitivamente, pues -aunque lo promete- nunca las reedita. Se trata de dos manuales para oficios harto conocidos por quienes, siempre sin quererlo -como dicta la norma- nos enamoramos solos una y otra vez, pese a habernos prometido furiosamente no volverlo a hacer jamás: uno es el Manual del Despecho y el otro el Manual del Bolero. En ellos, haciendo gala de la sabiduría popular que anida en el alma de cualquier mucutuyense (sí, el aedo nació en el mítico Mucutuy, el pueblo de Los Andes merideños que inmortalizaran el mismo Fragui y el narrador Amable Fernández), el poeta pretende hablar sobre aquello que conoce bien porque lo sufre y no porque tenga conocimiento alguno sobre el asunto. Ni creo que le interese conocer nada a este pensador y sentidor de nuestro país. En el primero, nos topamos con "verdades" contenidas en las siguientes citas:

El despecho, dicen los médicos, es el único dolor que no duele en ninguna parte. El despecho, dicen los mecánicos, es una basura en el carburador. Sin saber cuál de los dos tiene la razón, no ha faltado quien lo haya comparado con la sed de los abismos, la más obscura obscuridad, el talón de Aquiles de Dios, un gol en contra del corazón.

(...)

El despechado es un ser mal visto por la sociedad. Una especie de leproso del amor. Suele vérsele en los parques con un sombrero suplicando: "Una noviecita, por el amor de Dios".


(...)

Igual que con la bebida sucede con los amores. Una canción promete en vano, en esos animales prehistóricos en peligro de extinción llamados rockolas, que "no me vuelvo a enamorar". Un graffitti de esta ciudad advierte que: "más vale morir por la mujer amada que vivir con ella". Pero no se puede. Porque no hay cosa más bella que tener una novia, porque no hay oficio más generoso que el enamorar.


Recientemente, tuvimos la oportunidad de ser invitados a Radio Universidad de Salamanca, para participar en un programa sobre el Bolero, en el espacio "Lo que esconde la voz", gracias a la gentileza de mi amiga y profesora Lina Rodríguez. Allí leímos algún fragmento de este Doctor en desamores y despechos que se llama Gonzalo Fragui. Sus textos sirvieron para completar las reflexiones junto a las canciones que inmortalizaron Daniel Santos, Lucho Gatica, La Lupe, Olga Guillot, Leo Marini, Javier Solís, Toña La Negra, entre otros de no menos envergadura. De su otro Manual, el del Bolero, citamos otros tres fragmentos:

...el bolero es la confesión cantada de un dolor. Una catarsis individual y colectiva, pues como dice el proverbio: "Sólo es desdichado aquel que no sabe cantar".

(...)

Borges dice que quizás todos seamos parte de un gran libro que es el mundo. Quizás sólo seamos versículos o letras o palabras de un gran libro mágico que es el Universo. O quizás sólo seamos parte de una canción.

(...)

El bolero es el cordón umbilical de los latinoamericanos. El bolero es un movimiento de liberación. Es una rebelión en cadena. El gran escape de la moral, pero cada quien tiene que librar su propia batalla. De allí que podamos afirmar que la fuerza del bolero es indestructible porque la poesía, la música, la felicidad y el dolor, también lo son.

El bolero y el despecho caminan por la misma senda. Y lo hacen cabizbajos, adoloridos, golpeados fuertemente en el pecho. Deambulan -para decirlo con un verso del poeta Fragui- "como perro alcanzado". Cuando caen en cuenta, dirigen sus pasos a casa, donde un ser, no amado suficientemente, siempre te espera para perdonarte, porque sabe en el fondo que la batalla ha sido dura y que -como ocurre con frecuencia- la has perdido.

Miguel Marcotrigiano L.
Fotografía del poeta cedida gentilmente por Eleazar Molina.

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1 Comments:

At 9:44 PM, Blogger Lili said...

Cosas:
hola, buscaba informacion de Eleazar Molina porque mi ex me regalo unas pulseras del famoso orfebre, nada especial son de concha...lo especial es que mi ex siempre me decia 'mi reina'y creo que en cierta forma fue su forma subliminal de hacermelo saber materialmente, eso es lo que me queda de ese amor, las prenditas humildes que me dejo mi Tony, pero tan especiales...siempre me pregunte cuanto le costaron y cuanto costarian ahora..... bueno me parecio un poco coicidental que este blog habla de la poesia y el despecho, porque aun despues de un par de años aun me siento asi por él.
La musica que tiene ademas es preciosisima, ¿quienes son? y de paso Ud. tambien tiene el apellido, de una amiga que nunca olvido y que estudio en el Nuestra Sra. del Carmen en los Rosales, Moraima Marcotrigiano.
Besos para Ud.

 

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